Carta abierta a dos jóvenes carmelitas.

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Mis queridísimas hermanas y amigas en el Carmelo:

¡Felicidades! Hay cantos de nupcias, de entregas, de corazones inflamados de amor divino en Eirín en este día de la santa Señora. ¡Día del Carmen precisamente!

Me gustaría recuperar del estanque de mi memoria los sentimientos de ánimo y alegría que el encuentro con Santa Teresa de Jesús despertó en mí hace años. Pero quedan superados por los actuales que son vivos y cercanos.  ¡Qué poco podía sospechar yo entonces que se iban a entrecruzar en mi vida dos jóvenes como vosotras, Miriam y Rocío, que encarnáis la belleza y fecundidad de la pobreza en la contemplación carmelitana! No sé si desde vuestras ventanas veis el mar pero la inmersión que realizáis en Cristo ¿Con qué compararla?

Vosotras y nosotros hemos de responder a Dios con la misma confianza y sencillez con las que Él nos ha llamado. Sin dejarse llevar de las emociones y subjetividades acogiendo el Espíritu en nuestra vida, cada uno en su estado, sirviendo con gran libertad personal, no con grandes explicaciones sino en la humildad-verdad teresianas que proclaman, comunican y agradecen el don de Dios. Habéis sido elegidas para recordarnos a toda la Iglesia diocesana que el Señor nos ama. Algunas personas a las que les interpela vuestra opción dirán que sería más práctico, eficaz y saludable irse a ayudar a los más desfavorecidos, dedicarse a los pobres del Tercer mundo o realizar esfuerzos visibles por la justicia y la paz. Sí, dedicarse a la oración parece un tiempo perdido para nuestra actual mentalidad utilitarista, mentalidad que siempre espera una recompensa, pero millones de personas en el mundo están necesitando la Ternura de Dios. Vuestra oración encarna Su gratuidad, Su paciencia y Su perdón.

Gracias queridiñas. Os llamo hermanas y amigas pero podríamos llamarnos, mutuamente, madres, padres e hijas porque pidiendo unos por los otros nos hemos dado a luz al dejarnos hacer por Dios-Amor. Junto a la pobreza, las lágrimas y las dificultades (pues la fe nunca nos las ahorra) deseo que tengáis siempre un pedacito de cielo y que, como María la gran creyente, sepamos todos cada uno en su situación, realizar, contemplar y escuchar, desde la Palabra que es Jesús, la Historia de la Salvación. Besos.

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