¿Estaremos regando fuera de tiesto? O también: ¿Por qué vienes a clase de Religión?

Porque quieres darles esperanza… Porque quieres lo mejor para ellos…
Porque quieres que sean buena gente… 
Mayo 2015

    Así, con esas frases, comienza la campaña de la Conferencia Episcopal Española para animar a nuestros jóvenes a que se matriculen en clase de Religión.  Evidentemente está dirigida a los padres.

     Pero en mis clases (Secundaria y Bachillerato), desde hace ya varios cursos, vengo notando que no suelen ser los padres quienes realizan la opción sino los propios alumnos.  Sobre todo porque, al pasar de sexto de Primaria al primer curso de Secundaria, ya se sienten mayores y también porque muchos padres han dimitido de su responsabilidad.  También habría que considerar otros muchos factores pero les he preguntado a un grupito de ellos -a los jóvenes que tengo en una de mis clases- el motivo de que vengan a clase de Religión y miren lo que han contestado:

  • Porque aprendo muchas cosas.  ¡Hasta me corriges las faltas de ortografía!
  • Porque creo un poco en Dios.
  • Porque me lo paso bien.
  • Porque es la clase más divertida.
  • Porque no voy nunca a la Iglesia y así ya aprovecho.
  • Porque, profe, eres muy buena persona.
  • Porque no hice la primera Comunión cuando la hicieron mis amigos.
  • Porque venía mi amigo y sentí curiosidad.
  • Porque me has enseñado a publicar en un blog.
  • Porque me contestas siempre que te escribo.
  • Porque me gusta estar aquí, profe, me tratas como a una persona y no como a alguien que viene a estar en tensión.
  • Porque a mis padres les da igual, además están separados.
  • Porque me has recibido bien aunque sabías que no voy nunca a misa.
  • Porque nos pones exámenes sin que parezca que lo son.
  • Porque si no vengo a clase mi párroco no me dejará recibir la Confirmación.
  • Porque se habla de la vida.
  • Porque nos cuentas cosas bonitas.
  • Porque suspenden Religión los que merecen suspenderla ya que no hacen nunca nada y, además, molestan en clase.
  • Porque el curso pasado, profe, me saludaste y me sonreíste al cruzarnos en el pasillo.
  • Porque…¡No lo sé!

     Desde luego que estas respuestas no responden a un riguroso estudio sociológico ni la toma de muestras puede universalizarse a todos los Centros de Galicia pero sospecho que, si cada profesor de Religión de Secundaria y Bachillerato hiciese  algo parecido a una encuesta en sus aulas, no llegaría a un 10% la cantidad de alumnos que dijesen que sus padres han sido determinantes a la hora de matricularse en Religión.  Como mucho, los alumnos nos dirán que sus padres les han dado libertad para matricularse en lo que quieran.

¿Estaremos regando fuera de tiesto?

 

 

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