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TAMBIÉN VINIERON MUJERES SABIAS.

También vinieron mujeres sabias.
El fuego ardía en su seno
mucho antes de ver
la estrella luciente
en el cielo.
Caminaban en la oscuridad
fiándose de que el camino
se iluminara
a la luz de la luna.

También vinieron mujeres sabias,
sin preguntar la dirección,
ni tener permiso
de ningún rey.
Vinieron por su propia autoridad,
su propio deseo,
su propio anhelo.
Vinieron en silencio,
sin rumores,
sin provocar miedo
que terminara con
la matanza de inocentes.

También vinieron mujeres sabias
y trajeron
regalos útiles:
agua que limpia,
fuego que ilumina,
una manta que envuelve.

También vinieron mujeres sabias,
por lo menos tres de ellas
para ayudar a María a dar a luz.
Cuando gemía
con dolores de parto
susurraban bendiciones antiguas
en su oído.

También vinieron mujeres sabias
y se marcharon por otro camino
igual que lo hacen siempre
las mujeres sabias.

En esta época del año y en todos
los momentos importantes de nuestra vida
que veamos, Señor,  a las mujeres sabias
que vienen trayéndonos
Tus dones.

Vestidas sin llamar la atención,
pero están allí
al borde de la sombra,
en el límite de nuestro tiempo,
en el umbral de la conciencia,
y nos ofrecen lo que más necesitamos.

Danos ojos para verlas ahora
antes de que se marchen
por otro camino,
antes de que vislumbremos la sombra de su marcha,
sombra bordeada de oro,
antes de que sintamos el perfume de aromas
en el aire tras ellas.

(Jan Richardson, Night Visions)

 

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NO TE RINDAS

No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje, perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo, correr los escombros
y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda, y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.
Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo.
Porque ésta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás sola. Porque yo te quiero.

(Mario Benedetti)